LA PETISA BABILONIA - TEMPORADA ITINERANTE

¿El arte nos produce locura o somos los locos los que hacemos arte?

lunes, 18 de julio de 2011

Monumentos





Cruzo Plaza de Mayo, unas campanadas dan las once en la ciudad y frente a casa de gobierno mucha gente se para y se fotografía.
Me detengo a observar la protesta del día y no puedo evitar registrar ese rostro de niño pidiendo auxilio en la pancarta que los veteranos de guerra utilizan para reclamar su identidad, su participación.
Pienso en mí. Me imagino parada en algunas de estas ciudades que recorreré por primera vez dentro de muy poco. Yo seré como uno de todos ellos. Yo seré la que se parará frente a los monumentos para retratar el momento y revivirlo cuantas veces quiera. Yo seré la emocionada con la cultura de una nueva ciudad y atraída responderé a lo que ella me invite a conocer.
¿Me sorprenderé tan maravillosamente como lo hago aquí en mi ciudad donde Avenida de Mayo me sigue pareciendo deslumbrante y El Cabildo un sitio donde siempre volver? Pasamos tan de largo por algunos lugares, estamos tan acostumbrados a tenerlos al alcance de la mano.
Quito me espera, Bogotá me espera. Algunos viejos soñadores ya han emprendido su viaje, van por la carretera en un silencio lleno de palabras que mezclan sabiduría y sonrisas.
A otros nos quedan apenas algunos días para llevar esa valija no solo con ropa y pertenencias, sino de tantos sueños acumulados a lo largo de tantos años.
Parada en la esquina donde comienza la calle Florida, suena una versión instrumental de “Let it be” de Los Beatles y me detengo sonriente mientras termino un café, miro las cúpulas de los edificios que se cruzan y respiro hondo. Ya falta menos. Falta poco, muy poco.

Winona.

lunes, 4 de julio de 2011

Guiso de lentejas




La carretera se aproxima y los nervios crecen. ¿Qué llevar en la valija, quién nos busca cuando llegamos, cuántas horas de vuelo son, hay diferencia horaria? Ah, ganamos tiempo, qué loco. ¿Y cómo arreglamos para ir hasta Ezeiza?
El juego de listar lo que llevar fue productivo y tan mal no estuvimos los presentes. Sólo hay que ver qué pusimos y sacar cosas, jaja, como siempre. Dejar espacio para lo que se va a traer.
Me quedo pensando... lo que se va a traer... ¿qué traeremos? ¿Un puñado de ilusiones incumplidas, una locura atroz que tardará en desaparecer, una necesidad imperiosa de abrazar a los nuestros, unas ganas tremendas de cortar con la rutina y mandar todo al demonio?
Preguntas, preguntas... la carretera se aproxima y los nervios crecen, trabajando en conjunto para conseguir salas, presentaciones de disco, prensa, publicidad, contactos, contactos. Cuánta gente hay del otro lado y qué maravilloso es conocerlos, pero que desgastante. ¿Y el equipo? ¿Todos trabajamos a la par? Claro que no, eso no sucede nunca. Y estoy segura que cada uno tiene su excusa... yo también... pero estoy tan agotada, tan quemada, tan extenuadamente "desquiciada" con el perdón de los realmente desquiciados, que hay días en los que siento que un colapso nervioso o un ataque cardíaco me va a tomar por sorpresa en medio de la vía pública. "Que sea después de la gira", pienso. Solo un colapso mental realmente grave impediría que yo realice este viaje.
Ilusiones, valijas, notas, prensa, llamados, reuniones, fotos, envíos... Tanto, tanto, tanto.
Y sí, sigo convencida de que vale la pena, por eso sigo intentado, sigo insistiendo y hasta cocino un guisito de lentejas para amenizar el frío de Buenos Aires y acompañar el encuentro con mis babilónicos.

Winona.