¡Cuántas emociones, por favor! Sí, con pasajes en mano me encontré recién llorando frente al espejo, sola, emocionada pensando en el viaje y en toda la gente a la que querría llevarme en él.
Sé que suena trágico pero pensaba en mi hijo, en si algo me pasara, pensaba en la gente que dejo, sí, lo sé, es un viaje de placer, un viaje de “laburo” pero del más hermoso trabajo que alguna vez pude elegir: el trabajo de ser quien soy. Una artista.
No es solo un simple viaje, es mostrarle a un universo desconocido mi arte, mi expresión, lo que hacemos en este grupo tan maravilloso del cual estoy orgullosa y pese a tantos mares navegados aquí estamos.
Pensé en lo que le diría a cada uno si supiera que este fuera mi último día en la tierra. ¿Suena trágico? ¿Suena melancólico? ¿Suena extremista? Supongo que un poco de todo eso y son las sensaciones que se te cruzan y se te mezclan en esta vida tan organizadamente armada y frente a una experiencia tan alucinante, tan impensada o quizás no tanto porque he soñado con esta posibilidad que mucho antes de conocer a La Petisa Babilonia.
Pensé en lo que me gustaría decirles, pensé en mis compañeros de viaje, en lo que cada uno significa, pensé en la obra que hacemos y claro… pensé en los que aquí dejo, tan solo por un tiempo, Dios quiera pero pensé en ellos más que nada.
Si mi hijo supiera la cantidad de cosas que se me cruzan, que siento, que vivo, que pienso. Sé que no las conceptualiza pero sé que sabe de mi amor por mi teatro, por lo que soy, sé que sabe lo que mamá siente, sé que siente cuánto necesito ser quien soy y que él vino a este mundo a completar mi círculo de amor que faltaba cerrar en mi vida de arte. Sé que sabe cuánto lo amo.
¡Ay, estoy emocionada! Mucho compañeros. ¿Es tonto? Pasajes en mano, Quito como primer punto a descubrir y un avión que nos espera para arribar el 24 de julio. Y pienso en las funciones, pienso en las calles que recorreremos, pienso en las cenas y los encuentros, pienso en la gente nueva que conoceremos y pienso en mi personaje. No sólo viajo yo, sino que me llevo al Grasa conmigo para que recorra este universo de mi mano, o yo de la suya.
Gracias, gracias a todos los que empujamos para lograr esto. Gracias a mi hermosa familia, la natural, la de sangre y la que elijo día a día para acompañarlos y que me acompañen, sin ellos no tendría sentido nada. Pues abrazan mis sueños y mis emociones y me apoyan y aconsejan como nadie. Porque me conocen como nadie. Ahhhhh, ya falta poco. Quito y luego Bogotá y países desconocidos por descubrir. Y una aventura nueva por vivir.
Cuánta alegría, cuánta emoción. Cuanto esfuerzo que sé me detendré un instante en el camino y observaré callada, extrañamente callada y pensaré: “valió la pena”.
Winona.